jueves, 20 de marzo de 2008

Mate amargo ( I ) ( II ) ( III )

( I )


Floro preparaba el mate.
La yerba suave con estacionamiento medio. Las cáscaras de naranja formando una serpentina y secadas al sol. Para Lucrecia, azúcar o edulcorante según el día. Para él, con la cáscara era suficiente para endulzar. Cada tanto un mate amargo, no venía mal.
Floro preparaba el mate y pensaba.
No es posible seguir de esta forma, se dijo mientras sacudía el mate de zapallo. Sacudía buscando que la yerba se repartiera según la fina decantación del polvillo y el flotar de los trozos más grandes. El mate lo tapaba con su mano derecha; mientras la mano izquierda, a modo de vibrador, sujetaba e impulsaba.
Floro preparaba el mate y pensaba que tenía que encontrar una salida ingeniosa a aquella relación que los asfixiaba. Bueno, él pedía más espacio. Lucre era más tolerante.
El agua a punto que no quiero quemar la yerba, se repitió sentencioso. Ya la había probado en la pileta de la cocina dejando caer un chorro desde la pava, viendo la formación de un espacio abierto contenido por una pequeña ola que avanzaba hacia los bordes sin burbujas y en calma. Un chorrito de agua fría pegada a la bombilla era una forma de prevenir la quemada de la yerba.
Floro preparaba el mate y pensaba que aquella relación necesitaba un final que no le produjera una herida a Lucre. Tenía que ser medido y cuidadoso con las palabras, con sus gestos. Fueron muchos buenos momentos…pero, él no quería comprometerse. Buenas charlas en el bosquecillo frente a la laguna. Los pinos de navidad agitándose, excitándose frente al viento, pero firmes. Agotadoras caminatas por la playa y las subidas al viejo faro. Eternos viajes en bicicleta. Fabulosas noches de sexo a la luz de las velas aromáticas. Todo y mucho más.
Lucrecia pedía algo más que el no se animaba a cumplir.
Tenía que ser delicado para no lastimarla. Seguro, se dijo, ni se debe esperar lo que le voy a decir.
Floro preparaba el mate y sonó el teléfono.
- Hola Lucre – dijo sorprendido- te hacía de camino para acá.
Fue un silencio. El agua ya hervía en la pava silbadora. El mate estaba moribundo sobre la mesada. Todas las palabras se hicieron vapor en la cocina: Lucrecia le había ganado de mano.


( II )


Cuando Lucrecia colgó el teléfono, se dijo, finalmente terminé con el tarado de Floro. Seguía mirándose al espejo, y viendo grandes cambios en tan poco tiempo; todo mientras recordaba que realmente Floro no era tan tarado. A ella le había gustado. ¿Qué le había fascinado? ¿Qué le había llamado la atención? Se preguntó. Bueno, recordó la forma tímida de hablar y el balbuceo que producía cuando quería decir muchas cosas juntas. Un tartamudeo excitante y cierto aire intelectual. Realmente, él tenía muchas cosas para decir. Y ella, también .
Cuando lo conoció en la vieja estación de micros, le pareció un niño que buscaba afecto; casi como un huérfano que buscaba a su mamita. Pues bien, se dijo, aquí está tu mamita bebé. Todo fue, fuego y pasión.Una gran revelación para ella.
Días y noches. Con lluvias y lunas. De sábanas revueltas y platos en la mesa sin lavar. No se arrepentía de lo que había disfrutado. ¿Podía haber sido distinto? No lo sabía. Le había contado su vida y sus más profundos secretos, los que todavía no le había contado a su analista. En ese momento se sintió como la boba de las novelas de poca monta, que se entrega al primer forastero que aparece; pensando que de esa manera podrá escapar del inmundo pueblo y de las desgracias que la rodean.
Bueno, todo eso quedaba en el pasado. Un pasado corto, pero pasado al fin. Un pasado intenso. Y mucho más para ella que a sus 28 años, todavía no tenido uno. Le quedaban fotos juntos, piedras juntadas en el camino al bosque, flores secas guardadas en la página 137, “Encuentros sexuales con desconocidos”, del libro de Norman Mailer, “Pontificaciones”.
Ahora tenía un pasado.
Le quedaba mucho más. Las cosas que había aprendido. La más importante…no confiar en viajeros solitarios. Y como ganarles de mano. Como dejarlo y no ser abandonada, como la boba de las novelas de poca monta.


( III )


Cada uno por su lado y lo pasado fregado. Bueno, no tanto. A cada quien, un espacio para la experiencia.
Floro, sexo, compañía ¿o algo más?
Lucrecia con su nuevo pasado, que la invita a salir de las novelas de poca monta.
Entre los dos la distancia y el recuerdo. Entre los dos un nudo.
Un nudo, el de la familia Borromeo, que nos permite vivir: Real, Simbólico e Imaginario.
Un nudo que nos permite caminar: el que remata los cordones de nuestros zapatos.
Un nudo que resguarda una sorpresa por venir: el del moño del regalo tan esperado y a veces tan temido.
Un nudo que desde la boca del estómago nos llega a la garganta: es angustia por lo que perdimos o podemos perder.

Un nudo que anuda la nada del silencio después del adiós: no sé... no me animo a desatarlo. Que hagan la prueba ellos.

6 comentarios:

Arcángel Mirón dijo...

Difícilmente el fracaso de una relación afecte sólo a una de las partes.
Hay que ver si Floro siguió pensando igual.

Benjuí dijo...

Esa relación no fracasó: terminó, sin más, y ellos fueron lo suficientemente inteligentes para comprenderlo al mismo tiempo.
(Pensaba que tener un pasado era haber hecho cosas inconfesables, y no parece que esta historia fuera de esa índole...)

Bea dijo...

A veces un arbol necesita una poda para tener ramas mas fuertes.

Diego Flannery dijo...

Arcángel: ...Floro, me parece el menos preocupado por un fracaso. La historia de proteger al otro, me suena a querer protegerse él mismo.

Benjuí: Digo que la historia de Floro y Lucre, es de las más comunes. Cada uno tenía algo en el tintero y a su modo, según su recorrido, según su propia experiencia, lo expresó.

Bea: Creo que de podas y de quemada de rastrojos pinta en misterio. Seguro que después, el abono natural alimienta las almas de otra forma.

Arcángel, Benjuí y Bea...gracias por pasar por el diván!!!

Mi vida en 20 kg. dijo...

Al menos se sincronizaron y fue un final tranquilo, sin lagrimas y lamentos o no????

Haldar dijo...

Un nudo en la garganta, con la vida en los pies..., la vida anudada en un bolsillo. Realmente la vida a veces se va anudando como esos de los marineros, incapaces de desanudarse...