miércoles, 6 de febrero de 2008

Una mirada que no fue

“! Quiere matarme ¡”, repetía mientras se alejaba por la calle empedrada. Una voz ronca y profunda. Una voz, como metal frotado por una lima gruesa. Su figura agrietada cumplía un circuito, que repetía varias veces en un corto lapso de tiempo. Circuito que enmarcaba con el taconear de unos zapatos que supieron tener unas hebillas doradas a la altura del empeine. Cumplido el mismo, volvía a pasar frente a la parada del colectivo donde la habíamos visto estacionarse gritando, pataleando y agitando sus puños como para golpear a un temible enemigo. Invisible para nosotros, muy real para ella.
¿Quién era esa mujer ó lo que quedaba de ella?
Los cabellos grasientos por el tiempo y la intemperie. La ropa deshecha y cubierta por una pátina cerosa que le daba un brillo llamativo y seguramente protector. En que esquina del tiempo se había perdido buscando salvarse de aquel o aquella que la perseguía. Sus ojos mostraban terror, que solamente disminuía cuando encontraba refugio detrás de unas chapas caídas de un viejo cartel de publicidad que protegía la parada del colectivo de un pozo de una construcción abandonada. Allí la sombra la cubría. Allí se escondía y se protegía de su perseguidor ó perseguidora. Allí iniciaba un monólogo lento y auditivamente lejano, como una multitud que se perdía en una peregrinación a la nada.
Luego de unos minutos quedaba vacilante como un niño que intenta dar sus primeros pasos y cae una y otra vez. La boca abierta, babeante, temblorosa que se unía a los ojos con una mirada vacía y los brazos que se extendían buscando a alguien que nunca estuvo.
Alguien pasó en bicicleta y le gritó “…Noli, portate bien, no molestes a la gente”. ¿Molestar a la gente? Creo que Noli ó la Loca Noli,como la llamaban en el barrio, no molestó nunca a nadie. Aquella mujer que temía a las miradas fijas de los desconocidos, buscaba una mirada que le diera sostén. Una mirada, que seguramente, la hubiese salvado de vivir como fragmentos separados. Una mirada que no le dio espacio para ser reconocida como sujeto de pleno derecho.
Llegó el colectivo. Subimos todos. Noli quedó escondida y temblando, a la espera de nuevos personajes que poblaran su parada. Personajes que la ayudaran a buscarar un autor para la misma página de su historia sin fin.
Desgarrada y protectora, la sombra, la hacía par y la cuidaba de la luz que no fue.

1 comentario:

Marie Bonaparte dijo...

Es terriblemente desgarrador el encuentro con la locura. Un silencio puede representar el colapso del mundo y mucho más.Me gusta tu estilo.