martes, 12 de febrero de 2008

Tarde de sol

Una avispa miedosa, hace giros y giros al borde de la fuente de Plaza Mitre. Por más que insiste, no se decide a bajar para tomar agua.
Una abeja valiente, se lanza sobre una hoja que flota en la misma fuente, aterrizando como un F21 en un portaaviones.
Un grupo de palomas y palomos bailan su danza ritual, sin importarles aquellos que los miran fascinados.
Una parejita de veintenarios se prodiga mimos y se prometen amor eterno.
Ella vuela en sus fantasías, y habla.
El pierde la vista en su futuro, y guarda silencio.
Yo se que no vendrás.
Cuando la última paloma levantó vuelo, el banco de la plaza quedó vacío. Leo “De la naturaleza de los semblantes” de Miller y dejo que el sol me acaricie.
¡Que va!, también tengo lo mío.

3 comentarios:

f. dijo...

Y sí... yo también me quedo con el libro antes que con el presunto amor eterno que tarde o temprano terminará por esfumarse.

Al libro lo elegís, lo tocas, lo usás y luego lo guardás en un estante y no te jode. Y el día que querés... sigue ahi, para vos.

Marie Bonaparte dijo...

Un libro, cuántos misterios puede encerrar ó cuántas repuestas a esos misterios, puede dar. Pienso como f .Claro, no siempre. Me gustaría volar en la fantasía y hablar y dejarme llevar. Bueno...en realidad, el libro sigue allí: virgen a cada nueva lectura.

Besos

Enrique Páez dijo...

Diego:
Las últimas palabras son casi como un haiku:

Dejo que el sol me acatrie
¡Que va!
También tengo lo mío.

Abrazos,

Enrique