sábado, 9 de febrero de 2008

Supernova

Mariana reaccionaba mal cada vez que Ezequiel le pedía hacer el amor. “No soy tu objeto sexual, yo también cuento. No es solamente lo que vos querés y cuando vos querés”.
Ezequiel no toleraba tanta independencia y esa autonomía sin límites que lo llevaba a perder cierto control sobre Mariana.
Ezequiel vivía Mariana. Respiraba Mariana. Sudaba, gota a gota de su cuerpo, Mariana. ¿Y Mariana? Distante, acotada, sensual, provocadora y limitada. Mariana era la dulce tortura diaria de Ezequiel.
Su deseo pasaba por poseerla, hacerle el amor hasta el último suspiro y recuperar el aire, juntos, boca a boca. Ezequiel sufría aquel amor por Mariana. Ella no se entregaba para ser el objeto último de su deseo. Totalmente objeto. Descabezada. Desarticulada. Sometida a su ser.
¿Qué pedía en el fondo? ¿Qué ocultaba su deseo? ¿Cuál era su verdadera demanda? ¿Unirse como en una Supernova y quemarse en el final de los tiempos y ser uno?
La mascarada de Mariana provocaba.
El hervía como aceite en un caldero de Salem. Sufría y se veía impotente frente a aquella mujer. Avanzaba. Se arrastraba. Caía en el foso del castillo. Era casi devorado por los cocodrilos.
Ella era el muro lateral de la fortaleza. Piedra fría. Defensa. Algo oculto. Un silencio que lo penetraba…todo, que lo violaba. Insensible. Un telón que encubría un escenario sin una obra para representar. Era la nada, detrás de la mano en el botón de la blusa. Y lo era todo. Ella lo sostenía.
La despedida fue un beso en la mejilla.
Ezequiel se dijo “mañana será otro día”.Y pensó: "¿cómo llegar a mañana?".

2 comentarios:

Enrique Páez dijo...

Felicidades por tu blog, Diego.
Hace años, en una entrevista, titularon como sugerencia mía: "La literatura y el psicoanálisis liberan, pero escuecen".
Nos seguiremos leyendo mutuamente. Gracias por el link.
Abrazos

Marie Bonaparte dijo...

¿Cuántos amores se queman en una Supernova , sin llegar a ser? Te felicito por la fuerza de la descripción.