El Nano cantaba… “A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino”.
Un reflejo rojizo nos alcanzó. En una fracción de segundo, Alegría pegó un grito seco y cortante como una cimitarra y un volantazo inútil. La 4x4, perdió el control y sin haber podido pestañar, ya estábamos en el fondo del cañadón.
El CD, seguía sonando…” si un día para mi mal viene a buscarme la parca, empujad al mar mi barca con un levante otoñal y dejad que el temporal desguace sus alas blancas”.
Habíamos recorrido cientos de metros desde el camino principal, al cauce del Río Sacudón; aquella espuma blanca, seguro que no venía del mar.
La voz del Nano, se entrecortaba, y lo último que pude escuchar fue…” a mí enterradme sin duelo entre la playa y el cielo”. No pudo ser. Nunca sabremos si le dimos verde a los pinos y amarillo a la genista.
La batería de la camioneta se agotó y el Nano dejó de cantarnos, para resguardar nuestros sueños.
sábado, 26 de abril de 2008
viernes, 18 de abril de 2008
Mea culpa
-¡Que grave error he cometido!-, repetía, mientras se embriagaba, la noche del octavo día.
sábado, 12 de abril de 2008
Confianza
Isabel, había tomado la decisión de terminar con su vida. Había sacado del viejo armario el revolver de su padre, ex-policía, ya fallecido.
Todo, según ella le había salido mal en su vida: una infancia de violencia familiar y abusos de su padre y de su primo. Su madre, un día desapareció de la casa y nunca mas se supo de ella. La escuela primaria, un calvario de oscuros rincones y castigos corporales, por parte de las monjas. De la adolescencia le quedaba un lindo beso robado en un baile de alguien que nunca más vio.
Todo, siempre mal.
Su primer marido se fue con su mejor amiga. El segundo, resulto gay y se fue con su primo, el que la había violado de chica. Calamitoso,se repitió varias veces y no esperó más. Cargó el revolver con las viejas balas mientras se miraba al espejo. Se dio lástima. Colocó el cañón sobre su sien derecha y apretó el gatillo.
Todo según lo programado. Mientras se desvanecía su conciencia, se dijo..."al fin, una bien".
Todo, según ella le había salido mal en su vida: una infancia de violencia familiar y abusos de su padre y de su primo. Su madre, un día desapareció de la casa y nunca mas se supo de ella. La escuela primaria, un calvario de oscuros rincones y castigos corporales, por parte de las monjas. De la adolescencia le quedaba un lindo beso robado en un baile de alguien que nunca más vio.
Todo, siempre mal.
Su primer marido se fue con su mejor amiga. El segundo, resulto gay y se fue con su primo, el que la había violado de chica. Calamitoso,se repitió varias veces y no esperó más. Cargó el revolver con las viejas balas mientras se miraba al espejo. Se dio lástima. Colocó el cañón sobre su sien derecha y apretó el gatillo.
Todo según lo programado. Mientras se desvanecía su conciencia, se dijo..."al fin, una bien".
lunes, 7 de abril de 2008
Penando
Desde que su madre le había dicho…”yo nunca te quise”, Francisco ha venido robando amores por ahí. Nunca se preocupó por lo que podía pasarle al otro.
Hoy, que le han regalado un amor, no supo que hacer con él y se murió de angustia.
Hoy, que le han regalado un amor, no supo que hacer con él y se murió de angustia.
miércoles, 2 de abril de 2008
Un día perfecto
Era un día perfecto. Había conocido a Tamara. Una cola para pagar impuestos, las demoras de rigor y una charla que amplió los horizontes. Quedaron en comunicarse al terminar la tarde para encontrarse a tomar algo. Mario llegó, después de las 18, al edificio donde vivía. Ansioso, ya quería llamarla…pero se dijo, es temprano. Hay tiempo. Abrió la ventana corrediza de su balcón corrido en el piso 14 con vista al río. ¿Qué vista maravillosa? No muy lejos el río, algunos veleros y en el horizonte, dónde se refrescaba la tarde al apagarse el sol, la costa Uruguaya. Fue a la cocina, cargó una jarra con agua y empezó a regar las plantas del balcón. La brisa lo embriagaba, lo envolvía, le silbaba canciones de Sabina y de Serrano. Seguramente en pocos minutos llamaría Tamara. En el balcón se entretuvo prolijando las tiras de la enredadera que cubría la pared lateral. Los últimos rayos de sol pegaban en el vidrio de la ventana y hacían reflejo sobre su cara, se subió a la silla, luego de sacarse los zapatos.Le pareció ver luces ondulantes a su alrededor. Se inclinó sobre el respaldo, la silla se ladeó. La protección del balcón hizo un ruido seco. Después fue todo vértigo. Sonó el teléfono de línea. El ya se sostenía precariamente de parte del barandal. Otros ruidos secos. Unos tornillos que se desprendieron de la pared. El teléfono que volvía a sonar. Su cuerpo cayendo desde su balcón. Un grito desesperado. Su corazón latía fuera de su pecho y a punto de explotar.
Cuando en esa caída libre pasó por el tercer piso del edificio, sonó el celular que tenía en el estuche unido a su cinturón.
Su último pensamiento, fue para ella.
En el horizonte, moría la tarde, sin saber nada de la suya.
Cuando en esa caída libre pasó por el tercer piso del edificio, sonó el celular que tenía en el estuche unido a su cinturón.
Su último pensamiento, fue para ella.
En el horizonte, moría la tarde, sin saber nada de la suya.
viernes, 28 de marzo de 2008
Ya era tarde
Esperó en la parada el colectivo, volando en sus pensamientos. Cuando llegó, la gente fue subiendo. Él seguía en la parada. Se sorprendió cuando desde la tercera ventanilla, él se saludó.
Ya era tarde.
Ya era tarde.
domingo, 23 de marzo de 2008
31 de Julio del 1944 - ( 1 a 4 )
(1)
El contacto se hizo al fax de mi oficina. Raro, pues en la era de Internet hubiera esperado un mail. Claro, seguramente no lo tenía o no lo había encontrado en las bases de datos que se pueden comprar en el mismo cyber espacio. En un castellano rudimentario, casi balbuceado, alguien que firmaba Hamed quería informarme de un futuro asesinato.
De estas denuncias o presuntos datos, en la Agencia recibíamos cientos por semana. Esta, pensé, era una más. El mismo Hamed, me decía, que en dos días se pondría en contacto conmigo para darme más información. Como se imaginaran, esta hoja fue a parar a la carpeta de “olvidables”; tenía suficiente con los terroristas que habían amenazado al Presidente y eso que, no era mi oficina la que se debía ocupar del asunto.
El viernes 21 de Marzo, cuando estaba de guardia, una guardia mínima, por Semana Santa, y al fax general, llegó la información que cambiaría mi vida y me pondría cara a cara con la muerte. Hamed estaba mandando más datos. Desde algún lugar de Argelia. Se identificaba como un hombre de más de 80 años que había peleado en la Segunda Guerra Mundial. Que había sido doble agente, para los aliados y los alemanes. Indicaba escuetamente que habían encontrado al piloto que había derribado el avión Lightning, que piloteaba Antoine de Saint-Exupéry. Mientras trataba de entender aquel castellano cortado, balbuceado, hecho jirones, me preguntaba que buscaba el tal Hamed. En la segunda hoja del fax, el anciano ex-doble agente, decía que, el piloto Alemán era Horst Rippert, de unos 88años, que había permanecido oculto y bajo otros nombres en Europa de Post-guerra y en la República Argentina como periodista deportivo y que en realidad el tal Rippert, algo así como el alegre tajeador, en los códigos del contra-espionaje, había participado en una operación de encubrimiento para salvar al Principito, y que Antoine no había muerto en aquel accidente de Julio del ‘44, que había pasado a forma parte de un escuadrón aliado que venía protegiendo al “elegido” desde su nacimiento en 1934.
Alguien o algunos querían matar al Principito, al “elegido”, dije sorprendido, a un personaje de los libros, lo querían asesinar. El tal Hamed, está más loco que una piara de cerdos buscando a la cerdita de los Muppets, pensé para mí, y estaba decidido a tirar todo a la basura cuando al final del mail, Hamed escribió en letras de imprenta, remarcadas, con mano temblorosa, algo que me conectó con mi actividad policial: …DEBE LOCALIZAR AL INSPECTOR FREDERIC PERRET DE SURETE DU QUEBEC (CANADA)…EL SABE DE QUE ESTOY HABLANDO, EL DESTINO DEL MUNDO ESTÁ EN PELIGRO.
(2)
-Viernes Santo y yo pensando en el destino del mundo y en un delirante argelino –se dijo mientras buscaba el directorio de mail de Canadá.
Había varias cosas que lo intrigaban, algo que iba más allá de una falsa información sobre un hecho ocurrido hacía más de 60 años. Ni el había nacido por aquellos años.
Pero, era como la búsqueda del origen de un perfume que atrapaba, de una nota guardada en algún libro olvidado o de un misterio por resolver. Lo llamaban.
Un Principito de libro, “el elegido”, al que querían matar o ya habrían matado. Un escritor, aviador, héroe aéreo, un busca mundos que tendría que haber muerto y, en realidad, había pasado a formar parte de un grupo de elite que protegería a un elegido.
Elegido, ¿para qué? ¿Quién lo habían elegido? ¿Tendría una misión ya asignada antes de nacer?, me superaba. Yo pensaba que eso pasaba en las películas. Esto era la vida real. Muy real. Un piloto de la Luftwaffe, que había disparado y derribado el avión y según el argelino, como contra agente, habría encubierto el paso a la clandestinidad de Antoine.
- Surete de Québec – dijo mientras recorría el archivo en su computadora- Inspector Frederic Perret.
Mientras recorría la letra P, recordó que en la academia había tenido que estudiar un libro del mencionado Inspector, “Código de claves y su traducción”. Perret, se había destacado por sus estudios sobre criptogramas y claves de las máquinas “Enigma” usadas por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial; además, una colección de trabajos y artefactos que habían encontrado los aliados, luego de su entrada a los bunker en el corazón de Berlín. Según recordó, el avance en generación de claves y sus transcripciones, era de primer orden en la Alemania a fines de la guerra.
- Al fin- dijo aliviado- Perret, Frederic.
Un silencio. Revisó nuevamente. Arqueó las cejas, se rascó la barba, se sacó los lentes, los limpió y se los volvió a poner. Había dado con lo que buscaba, pero algo era muy llamativo. Leyó atentamente en texto vinculado con el Inspector en cuestión y repitió en voz alta la información que correspondía a 3 días atrás,
- Inspector Frederic Perret - Fallecido en accidente automovilístico, en Argelia en día miércoles 19 de marzo de 2008- tragó saliva, aclaró su garganta y acotó- ¿Esto, qué significa?
(3)
El argelino misterioso, Hamed, no se había vuelto a comunicar con la agencia. El reconocido Inspector habría muerto en un accidente automovilístico, en algún lugar de Argelia. Él, un miembro de segunda línea de la Agencia, transitaba el fin de semana de Semana Santa buscando información sobre un dudoso hecho de antigua data… pensó que tanto tiempo en esta actividad le estaba haciendo perder la cordura.
Llamó a la oficina de la Agencia en Marsella. Pensando en la nacionalidad de origen de Antoine; nacido en el 1900, en el seno de una familia noble de Lyón, en el Sur de Francia. Nadie respondió. Repitió la búsqueda de contacto con la Agencia en Grecia meridional. Recordó, que durante finales del ’44, allí estaba una de las bases de reconocimiento aéreo desde donde operaban los aviones aliados. Spyros Tyrakis estaba de guardia y lo atendió cordialmente. Pensó, mientras se presentaba, que cuando le dijera al griego lo que le está preocupando lo mínimo que haría sería cortarle la comunicación. Spyros, no pareció sorprendido por la anécdota que le contaba sobre el argelino, la aparición de Rippert o la supuesta muerte de Antoine y su paso ala clandestinidad en el año 1944.
- Estas historias, de un elegido o el querer matar al Principito del libro, por absurdas que parezcan, son material común dentro de la Agencia Europea – dijo Spyros, en un entrecortado castellano. – La clonación de Cristo a partir de material genético obtenido de un diente; que Hitler vivió en la Argentina hasta su muerte, trabajando como maestro rural; que Elvis recorre China cantando sus baladas por los caminos de Las siete gargantas…y muchas historias más, no me sorprenden. Lo que me deja que pensar es la muerte del Inspector Perret.
Según Spyros, Perret era un especialista, un agente interno, no de campo. La actividad de Perret estaba en el escritorio y en los laboratorios de matemática aplicada computacional. Su especialidad era el criptoanálisis, que estudia los métodos que se utilizan para romper textos cifrados con objeto de recuperar la información original en ausencia de la clave. Codificar y decodificar mensajes, información, creación de algoritmos matemáticos para encriptar información. El Inspector tenía un Master en Matemática Computacional de La Universitat Jaume I de Castellón, España, creada en 1991.
- Carajo, cuanto información, y todo por un maldito mensaje de ese viejo desde Argelia. Parecía querer joderlo en el fin de semana. Sería mejor olvidar todo y dejarlo en la anécdota. Esto estaba pensando, cuando Spyros, todavía en comunicación telefónica le dijo.
- Esto si parece sospechoso…según el informe de la policía local, en Argelia, los frenos y la caja de cambios habían sido saboteado- , luego de un breve silencio agregó- …Esto parece un asesinato. La muerte del Inspector Perret, no fue accidental.
(4)
Ahora se encontraba frente a su escritorio, en un fin de semana atípico. En pocas horas había desarrollado más actividad, que en todos los años que llevaba en la agencia. Estaba realmente excitado y con ganas de avanzar en la investigación.
Se había apegado a los protocolos internos y logrado obtener información complementaria para poder generar un informe a sus superiores. Él ya sabía que si de aquello surgía un caso ha seguir, no sería suyo. Su lugar dentro de la agencia lo colocaba como un agente interno, casi como el Inspector fallecido. En tantos años en
funciones, hoy descubría que su interés estaba en la actividad de campo, más que el trabajo de escritorio; sin desconocer que una sustentaba la otra.
Por el rabillo del ojo vio la luz del interno de su jefe que se encendía en la centralita interna. Antes que sonara el timbre, pensó como organizar un informe verbal para aquel.
Spyros, desde la agencia de Grecia, quedó en pasarle cualquier información complementaria sobre el Inspector Perrot y sus actividades pasadas y presentes.
Mientras terminaba el informe preliminar, el timbre sonó.
En una fracción de segundos volvió a la realidad. Su jefe quería verlo en su oficina. Quedaban flotando las palabras de aquel…”traiga la primera parte del informe del fin de semana, por favor”.
Luego de dos horas con su jefe, se lo vio salir con una sonrisa que transmitía seguridad.
Todo aquello que había empezado con un fax de un anciano ex agente y había concluido con el diálogo con Spyros, había sido un ejercicio interno. Un ejercicio organizado para evaluar su actividad y actitud profesional. Ejercicio que le había dado un puntaje interno para lograr un ascenso. La actividad de campo parecía su próximo destino.
Tomando un café, luego de algunos minutos de haber salido de la oficina de su jefe, pensaba en todo lo sucedido. Aquel delirio de un muerto que no había muerto, un soldado que había formado parte de una acción de encubrimiento…bueno, era mucho; Spyros, el Inspector Perrot, le habían dado credibilidad a toda aquella información que se había entretejido.
Habían llegado otros agentes, que lo iban felicitando a medida que se enteraban de su futuro ascenso y de cómo había reaccionado frente a los hechos.
Nunca imaginó que aquello era un ejercicio. Mentiras y verdades comprobables, en una sutil trama y con actores que jugaron, ajustadamente, sus diferentes papeles. Disfrutaba, se distendía, fantaseaba futuros, organizaba viajes y reuniones. El teléfono internacional sonó. Una voz de mujer preguntaba por él.
- Si soy yo – le contestó.
- Un segundo que le van ha hablar, por favor – una espera musical, era antesala de alguien que quería hablar con él.
- Agente Moriarti, buenas tardes- una voz de hombre se había apoderado del teléfono- Se que estuvo preguntando por mí, soy el Inspector Perret. Silencio.
¿Sería parte del ejercicio?
El contacto se hizo al fax de mi oficina. Raro, pues en la era de Internet hubiera esperado un mail. Claro, seguramente no lo tenía o no lo había encontrado en las bases de datos que se pueden comprar en el mismo cyber espacio. En un castellano rudimentario, casi balbuceado, alguien que firmaba Hamed quería informarme de un futuro asesinato.
De estas denuncias o presuntos datos, en la Agencia recibíamos cientos por semana. Esta, pensé, era una más. El mismo Hamed, me decía, que en dos días se pondría en contacto conmigo para darme más información. Como se imaginaran, esta hoja fue a parar a la carpeta de “olvidables”; tenía suficiente con los terroristas que habían amenazado al Presidente y eso que, no era mi oficina la que se debía ocupar del asunto.
El viernes 21 de Marzo, cuando estaba de guardia, una guardia mínima, por Semana Santa, y al fax general, llegó la información que cambiaría mi vida y me pondría cara a cara con la muerte. Hamed estaba mandando más datos. Desde algún lugar de Argelia. Se identificaba como un hombre de más de 80 años que había peleado en la Segunda Guerra Mundial. Que había sido doble agente, para los aliados y los alemanes. Indicaba escuetamente que habían encontrado al piloto que había derribado el avión Lightning, que piloteaba Antoine de Saint-Exupéry. Mientras trataba de entender aquel castellano cortado, balbuceado, hecho jirones, me preguntaba que buscaba el tal Hamed. En la segunda hoja del fax, el anciano ex-doble agente, decía que, el piloto Alemán era Horst Rippert, de unos 88años, que había permanecido oculto y bajo otros nombres en Europa de Post-guerra y en la República Argentina como periodista deportivo y que en realidad el tal Rippert, algo así como el alegre tajeador, en los códigos del contra-espionaje, había participado en una operación de encubrimiento para salvar al Principito, y que Antoine no había muerto en aquel accidente de Julio del ‘44, que había pasado a forma parte de un escuadrón aliado que venía protegiendo al “elegido” desde su nacimiento en 1934.
Alguien o algunos querían matar al Principito, al “elegido”, dije sorprendido, a un personaje de los libros, lo querían asesinar. El tal Hamed, está más loco que una piara de cerdos buscando a la cerdita de los Muppets, pensé para mí, y estaba decidido a tirar todo a la basura cuando al final del mail, Hamed escribió en letras de imprenta, remarcadas, con mano temblorosa, algo que me conectó con mi actividad policial: …DEBE LOCALIZAR AL INSPECTOR FREDERIC PERRET DE SURETE DU QUEBEC (CANADA)…EL SABE DE QUE ESTOY HABLANDO, EL DESTINO DEL MUNDO ESTÁ EN PELIGRO.
(2)
-Viernes Santo y yo pensando en el destino del mundo y en un delirante argelino –se dijo mientras buscaba el directorio de mail de Canadá.
Había varias cosas que lo intrigaban, algo que iba más allá de una falsa información sobre un hecho ocurrido hacía más de 60 años. Ni el había nacido por aquellos años.
Pero, era como la búsqueda del origen de un perfume que atrapaba, de una nota guardada en algún libro olvidado o de un misterio por resolver. Lo llamaban.
Un Principito de libro, “el elegido”, al que querían matar o ya habrían matado. Un escritor, aviador, héroe aéreo, un busca mundos que tendría que haber muerto y, en realidad, había pasado a formar parte de un grupo de elite que protegería a un elegido.
Elegido, ¿para qué? ¿Quién lo habían elegido? ¿Tendría una misión ya asignada antes de nacer?, me superaba. Yo pensaba que eso pasaba en las películas. Esto era la vida real. Muy real. Un piloto de la Luftwaffe, que había disparado y derribado el avión y según el argelino, como contra agente, habría encubierto el paso a la clandestinidad de Antoine.
- Surete de Québec – dijo mientras recorría el archivo en su computadora- Inspector Frederic Perret.
Mientras recorría la letra P, recordó que en la academia había tenido que estudiar un libro del mencionado Inspector, “Código de claves y su traducción”. Perret, se había destacado por sus estudios sobre criptogramas y claves de las máquinas “Enigma” usadas por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial; además, una colección de trabajos y artefactos que habían encontrado los aliados, luego de su entrada a los bunker en el corazón de Berlín. Según recordó, el avance en generación de claves y sus transcripciones, era de primer orden en la Alemania a fines de la guerra.
- Al fin- dijo aliviado- Perret, Frederic.
Un silencio. Revisó nuevamente. Arqueó las cejas, se rascó la barba, se sacó los lentes, los limpió y se los volvió a poner. Había dado con lo que buscaba, pero algo era muy llamativo. Leyó atentamente en texto vinculado con el Inspector en cuestión y repitió en voz alta la información que correspondía a 3 días atrás,
- Inspector Frederic Perret - Fallecido en accidente automovilístico, en Argelia en día miércoles 19 de marzo de 2008- tragó saliva, aclaró su garganta y acotó- ¿Esto, qué significa?
(3)
El argelino misterioso, Hamed, no se había vuelto a comunicar con la agencia. El reconocido Inspector habría muerto en un accidente automovilístico, en algún lugar de Argelia. Él, un miembro de segunda línea de la Agencia, transitaba el fin de semana de Semana Santa buscando información sobre un dudoso hecho de antigua data… pensó que tanto tiempo en esta actividad le estaba haciendo perder la cordura.
Llamó a la oficina de la Agencia en Marsella. Pensando en la nacionalidad de origen de Antoine; nacido en el 1900, en el seno de una familia noble de Lyón, en el Sur de Francia. Nadie respondió. Repitió la búsqueda de contacto con la Agencia en Grecia meridional. Recordó, que durante finales del ’44, allí estaba una de las bases de reconocimiento aéreo desde donde operaban los aviones aliados. Spyros Tyrakis estaba de guardia y lo atendió cordialmente. Pensó, mientras se presentaba, que cuando le dijera al griego lo que le está preocupando lo mínimo que haría sería cortarle la comunicación. Spyros, no pareció sorprendido por la anécdota que le contaba sobre el argelino, la aparición de Rippert o la supuesta muerte de Antoine y su paso ala clandestinidad en el año 1944.
- Estas historias, de un elegido o el querer matar al Principito del libro, por absurdas que parezcan, son material común dentro de la Agencia Europea – dijo Spyros, en un entrecortado castellano. – La clonación de Cristo a partir de material genético obtenido de un diente; que Hitler vivió en la Argentina hasta su muerte, trabajando como maestro rural; que Elvis recorre China cantando sus baladas por los caminos de Las siete gargantas…y muchas historias más, no me sorprenden. Lo que me deja que pensar es la muerte del Inspector Perret.
Según Spyros, Perret era un especialista, un agente interno, no de campo. La actividad de Perret estaba en el escritorio y en los laboratorios de matemática aplicada computacional. Su especialidad era el criptoanálisis, que estudia los métodos que se utilizan para romper textos cifrados con objeto de recuperar la información original en ausencia de la clave. Codificar y decodificar mensajes, información, creación de algoritmos matemáticos para encriptar información. El Inspector tenía un Master en Matemática Computacional de La Universitat Jaume I de Castellón, España, creada en 1991.
- Carajo, cuanto información, y todo por un maldito mensaje de ese viejo desde Argelia. Parecía querer joderlo en el fin de semana. Sería mejor olvidar todo y dejarlo en la anécdota. Esto estaba pensando, cuando Spyros, todavía en comunicación telefónica le dijo.
- Esto si parece sospechoso…según el informe de la policía local, en Argelia, los frenos y la caja de cambios habían sido saboteado- , luego de un breve silencio agregó- …Esto parece un asesinato. La muerte del Inspector Perret, no fue accidental.
(4)
Ahora se encontraba frente a su escritorio, en un fin de semana atípico. En pocas horas había desarrollado más actividad, que en todos los años que llevaba en la agencia. Estaba realmente excitado y con ganas de avanzar en la investigación.
Se había apegado a los protocolos internos y logrado obtener información complementaria para poder generar un informe a sus superiores. Él ya sabía que si de aquello surgía un caso ha seguir, no sería suyo. Su lugar dentro de la agencia lo colocaba como un agente interno, casi como el Inspector fallecido. En tantos años en
funciones, hoy descubría que su interés estaba en la actividad de campo, más que el trabajo de escritorio; sin desconocer que una sustentaba la otra.
Por el rabillo del ojo vio la luz del interno de su jefe que se encendía en la centralita interna. Antes que sonara el timbre, pensó como organizar un informe verbal para aquel.
Spyros, desde la agencia de Grecia, quedó en pasarle cualquier información complementaria sobre el Inspector Perrot y sus actividades pasadas y presentes.
Mientras terminaba el informe preliminar, el timbre sonó.
En una fracción de segundos volvió a la realidad. Su jefe quería verlo en su oficina. Quedaban flotando las palabras de aquel…”traiga la primera parte del informe del fin de semana, por favor”.
Luego de dos horas con su jefe, se lo vio salir con una sonrisa que transmitía seguridad.
Todo aquello que había empezado con un fax de un anciano ex agente y había concluido con el diálogo con Spyros, había sido un ejercicio interno. Un ejercicio organizado para evaluar su actividad y actitud profesional. Ejercicio que le había dado un puntaje interno para lograr un ascenso. La actividad de campo parecía su próximo destino.
Tomando un café, luego de algunos minutos de haber salido de la oficina de su jefe, pensaba en todo lo sucedido. Aquel delirio de un muerto que no había muerto, un soldado que había formado parte de una acción de encubrimiento…bueno, era mucho; Spyros, el Inspector Perrot, le habían dado credibilidad a toda aquella información que se había entretejido.
Habían llegado otros agentes, que lo iban felicitando a medida que se enteraban de su futuro ascenso y de cómo había reaccionado frente a los hechos.
Nunca imaginó que aquello era un ejercicio. Mentiras y verdades comprobables, en una sutil trama y con actores que jugaron, ajustadamente, sus diferentes papeles. Disfrutaba, se distendía, fantaseaba futuros, organizaba viajes y reuniones. El teléfono internacional sonó. Una voz de mujer preguntaba por él.
- Si soy yo – le contestó.
- Un segundo que le van ha hablar, por favor – una espera musical, era antesala de alguien que quería hablar con él.
- Agente Moriarti, buenas tardes- una voz de hombre se había apoderado del teléfono- Se que estuvo preguntando por mí, soy el Inspector Perret. Silencio.
¿Sería parte del ejercicio?
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